Plantando Bandera

Bueno… hace ya unos cuantos días que no actualizo, y algunas personitas me han empezado a reclamar que tengo el blog abandonado… pero esas mismas personitas nunca dejan comments, así que ignoro olímpicamente lo dicho por ellos/as lalala.

En fin, anduve bastante ocupada, por eso no escribí. Amagué unas cuantas veces hacerlo, pero después me colgué con otras cosas. Finalmente me fui con mis amigas a Córdoba, a festejarle la despedida de soltera a mi amiga Eva. Salimos el viernes 21 y regresamos a Baires el lunes 24. Tardé dos días en recuperarme. Sí, dos días. O estoy fuera de entrenamiento jodístico, o estoy vieja, ustedes elijan.

La pasé muy lindo en Córdoba… faltaron dos del grupo, y se sintió. Es una pena porque ahora una se va a vivir dos años a las Islas Vírgenes, otra se casa, yo me voy en marzo a USA (según último reporte de noticias, pero eso puede cambiar), en fin, cada una está en lo suyo y la vida nos va separando. Y eso me entristece… y me sorprende, también. Por empezar, están todas de novio y puedo asegurar que casi no las reconozco… ¿así de boba parecía yo de afuera cuando estaba metida hasta el caracú con A.? Estoy segura que sí, Jeez! Eso y algunas otras cosas me dejaron reflexiva respecto de la amistad, la pareja y las expectactivas de vida. Desarrollemos.

Por empezar volver a estar sola después de dos años y monedas me permite ver las cosas desde una perspectiva diferente. Agradezco estar sola, agradezco la oportunidad de reflexionar respecto de estos temas y aprender de mis errores. Lo que siento en este momento básicamente es miedo, sí, miedo de que las cosas con una próxima relación vuelvan a ser como fueron con la anterior. Son temas que estoy tratando con mi psicólogo, por más cliché que suene. Una de sus fráses célebres que retuve fue que yo me “torturo mucho”, y debo admitir que es cierto. Pero también admito que cada vez pienso menos y vivo más. Eso es un poco también saltar al vacío… ser, dejar ser, dejar fluír, dejarse llevar. Cada paso que uno da y no se tortura, cada decisión que se toma siguiendo el pulso del corazón y no los dictados del cerebro, cada palabra que se dice que refleja sinceramente quién uno es y no quién debería ser… todos esos son saltos al vacío. Y no tiene que ser necesariamente algo malo, algo paralizante u oprensivo. Yo lo siento como casi pura libertad.

Y eso es lo que estoy experimentando ahora, en este momento de mi vida: absoluta libertad. Pero no quiero ser malinterpretada… no soy libre porque esté sola… soy libre porque pasé por un proceso (que incluyó como una simple parte la ruptura de esa relación) en el cual me fui desprendiendo de capas y capas de piel seca, como una exfoliación, para poder resurgir renovada, auténtica, pura. Y eso incluye aceptarme como soy, tratar de mejorar aquellas áreas en las que esté equivocada, y por sobre todas las cosas, ser auténtica conmigo misma. Hace ya bastante que vengo sufriendo una transformación, una maduración de mi personalidad, diría mi carta astral. Y este año ha sido el año más revelador de toda mi vida… ¡y recién estamos en septiembre!

Recién me sonreía a mí misma pensando que cada vez que escribo aquí, siempre me pasa lo mismo: son tantas las cosas que quisiera poner que harían el post eterno y aburrido, y en definitiva, sólo tendría significado para mí… y no es la idea. No es eso para lo que empecé este blog y decidí hacer públicos mis desvaríos ;) Es más, me pregunto por qué empecé un blog. Muchas personas me dicen lo interesante que es este blog, pero yo sigo viéndolo soso, como que le falta algo. Igual a veces me pregunto si la gente que lee no pensará que soy una delirante por abrir una ventana hacia mi mundo interior. No muchas personas escriben cosas propias que le afectan y además hacen pública su identidad. Supongo que mi blog es como soy yo: súper sincera, transparente, frontal al punto de chocar. El otro miércoles reflexionaba con mi psicólogo cómo ahora muchas personas tienen una opinión formada de mí muy categórica: o me aman, o me odian. No muchos aceptan tampoco el hecho de que yo hago lo que quiero, de manera absolutamente literal. Curiosamente, una de las cosas que mas le choca de mí a la gente es mi postura firme de que yo a mi vida la vivo como yo quiero, y me importa poco lo que de mí espere la sociedad, mi familia, el mundo, o quién sea. Y supongo que como eso me hace feliz, debe estar mal. Ejemplo cortito y al pie: ahora yo estoy sola, feliz de la vida, sin embargo algunas amigas no entienden que esté feliz sola. “¿Cómo vas a estar feliz estando sola??” Sí, damas y caballeros, soy feliz no dependiendo emocionalmente de nadie, gracias por preguntar.

Para cerrar, porque este post se me está llendo al caracú de largo, ya ni sé cuál era el core de este post. Para cerrar, nada, fui a Córdoba, sigo viajando siempre que puedo, atesoro a mis amigos, hago amigos nuevos y los atesoro también (:P), sigo con mis deportes, trato de mantener a raya los rayes de mi familia, juego con mis sobrinitas hermosas, disfruto el hoy, planeo algunas cosas y mayormente me dejo llevar por la marea. Me siento libre (realmente libre) y vuelo. Vuelo mucho. Nada más.

2 comentarios para “Plantando Bandera”

  1. jpensinck Dice:

    la verdad que me sentí tocado por el primer parrafo, y sí, nunca deje comentario, pero creo que fue porque siento que vos ya sabes lo que voy a escribir. Tengo sueño, y tengo ganas de saltar al vacío, pero creo que si salto no hay tanto vacío…
    let it be
    tqm

  2. Manu Dice:

    Hay mucho por comentar hoy, pero hay un límite entre comentario, y otro post.
    Creo que el hecho de entrar a tu blog implica aceptar openmindedly todo lo que se pueda encontrar acá, puesto que fue una decisión propia. Por lo tanto creo que no hace falta que te cuestiones lo interesante o no de tus escritos, o si hay un hilo conductor que los agrupe. Yo creo que lo interesante es que de una forma un tanto impersonal, uno accede a la vida de otra persona. En tu caso, de una forma muy abierta. Tus alegrías y tus miedos, tus dudas y tus descubrimientos.
    Yo descubrí que por ejemplo, si bien es muy lindo recibir comentarios (porque te hacen acordar que no estás “hablando solo”), el hecho de compartir todo este ruiderío interior es muy… como decir, gratificante.

    Es admirable si has conseguido llegar al punto donde no te importa lo que otras personas juzguen de tus decisiones y actitudes, porque intentar complacer al mundo, (o comportarse como “es debido”) es como el perro que se quiere morder la cola.

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