Y necesito salir hacia afuera. Convertirme en el sol que llevo tatuado en la espalda. Los sentidos se confunden con los pensamientos y ya no se sabe qué camino tomar, hacia donde soñar, qué decir cuando sobran las palabras. Se suceden noches de nuevas experiencias, nuevos amigos, nuevas risas. Se suceden viajes tras viajes de descubrimiento, de asombro, de libertad. Y subirse a ese barco y navegar por los mares de la contradicción, de las fluctuaciones, de mi constante y enredada ciclotomía. Necesito más, tengo sed, quiero sobrepasar los límites, olvidar, recordar, expulsarlo todo lejos de mí. Y no sé, no sé qué soy, no tengo definición, no puedo identificarme con nada por más de cinco minutos. No duran los pensamientos, no duran las sensaciones, no duran los deseos, soy una autopista sin bajada, sin mano, sin final. Ya no me habito dentro de los pensamientos, ya no quedo detrás del marco de la puerta, ya no me combato, ya no me tengo miedo. Y sin embargo sigo preguntándome tantas cosas… queda tanto dentro mío, tanto por vivir, tanto por soñar, tanto por sentir… y no puedo evitar ciertos cachetazos, porque no soy comprensible, ni lo soy siquiera para mí misma. Y los años pasan y las preguntas no se hacen más simples sino todo lo contrario… cada día, cada minuto que pasa los cuestionamientos crecen, y las preguntas me comen, me queman, me sacuden.
Cada día una nueva mirada, tan diferente a la anterior… y sentir que todo es maravilloso. Que las preguntas sigan preguntando, yo seguiré descubriendo las respuestas a través de mi viaje. Y seguir mudando la piel. Gracias.
Escrito por anablis