Tengo 27 años. En los comienzos de mi vida adulta estudié Economía, luego Administración de Empresas y algo de Sistemas. Trabajé como economista, como administradora de empresas luego, y finalmente como analista de sistemas. Tuve todo lo que quise en su momento, aunque el precio que pagué quizá fue un poco alto.
Hoy no soy ni economista, ni administradora de empresas, ni sistemo. La búsqueda de la propia identidad, ésa que hace que uno sea único, irrepetible, importante, no resulta una tarea ligera. Requiere de muchísimo coraje, de muchos saltos al vacío. Sigo buceando dentro de mí misma, para seguir descubriendo tesoros enterrados. Todos somos un inmenso mar virgen, profundo, tenebroso. Dar un paso al costado y permitirse observar alrededor, sin involucrarse por un momento, es desafiante. No tener todas las respuestas, no buscar la perfección, no jugar a ser Dios. No creer en lo que nos dicen. No jugar al circo de monos.
Estoy aprendiendo a vivir conmigo misma. Con mi verdadero yo, no el yo que sigue el guión. No persigo una meta, un punto estático en el vacío. Busco el cambio constante, un permitirse a los errores, un caigo y me levanto. Estoy aprendiendo a vivir con mis propias reglas, con mis tiempos, con mi filosofía, con mis valores. Estoy aprendiendo a no tener miedo. Pienso antes de hablar, y hago lo que digo. Y digo muchas cosas, también. Quizá, a veces, demasiadas.
Vivo en Buenos Aires. Estuve un tiempo en USA. Viajar es mi pasión y mi motor. Viajar hacia un nuevo destino, un nuevo descubrimiento, una nueva maravilla. La vida es un camino, un rumbo incierto, un fluir de sorpresas, dolores, alegrías, sentimientos encontrados, soledades y compañías. Y abrirse a la vida, dejarse atravesar, dejarse ir. Abrir los ojos. Inundarse del placer de los caminos no recorridos.
Y descubrir el sentido. Y aprender. Y permitirse ser.
Yo escribo mi destino en el barro, no en la piedra.
